Artículo publicado por Diario de Navarra 14 de diciembre de 2000
En algo más de dos semanas se termina un año intenso para José Vicente García Acosta, Chente. El ciclista tafallés del Banesto recuerda ahora, mientras se entrena en el gimnasio o con la mountain bike para la próxima temporada, los acontecimientos de un 2000 que le ha marcado. La caída en la Vuelta a Murcia, donde se rompió el escafoides, la victoria el 14 de julio en Draguignan, en la decimotercera etapa del Tour de Francia, su buena Vuelta a España, la exclusión de los Juegos Olímpicos de Sydney, su boda con la pamplonesa María Otazu el 11 de noviembre... Todo en un 2000 que él mismo califica como su mejor año hasta ahora.
-- Nadie pensaba que le iba a ir también después de estar parado marzo y abril por la caída en Murcia.
-- Tuve que sufrir mucho y adelantar mucho la preparación para hacerla en menos tiempo, con jornadas intensivas de rodillo y más entrenamientos de lo normal. Esto hizo que al Tour llegara mucho mejor que otros años, no tan "machacado" y con menos carreras. Mejor.
-- ¿Cómo recuerda ahora, seis meses después, su victoria en la carrera francesa?
-- Me acuerdo muy bien porque la he visto en vídeo algunas veces. Nunca se me va a olvidar el último kilómetro, ni cuando ataqué a los dos corredores que iban conmigo en la escapada.
-- ¿Cuántas veces ha visto el vídeo?
-- Unas cuantas. Me gusta mucho ver carreras así.
-- También hizo una buena Vuelta a España.
-- Hice el principio de Vuelta trabajando para Álex Zülle y quizá pagué hacia la mitad de la carrera ese desgaste. Pero al final anduve bastante bien y de hecho casi gano una etapa. La pena es que no hubo entendimiento entre los que íbamos escapados (él, Roberto Laiseka, del Euskaltel, y Alexandre Vinokourov, del Telekom. Ganó éste último).
-- Se habló mucho de esa etapa y de su controversia con Laiseka, al que acusó de perjudicar en la escapada.
-- Sí, pero pasó lo que pasó y mejor no darle más vueltas.
-- ¿Con qué se queda del 2000?
-- Con la victoria en el Tour. Es lo más grande.
-- ¿Le dolió mucho quedarse fuera de los Juegos Olímpicos de Sydney?
-- Tenía mis ilusiones puestas en los Juegos, pero al final el seleccionador vio a otros mucho mejor para ir. Me dejo un sabor bastante agridulce. La Vuelta la terminé bien, como para ir a los Juegos, pero son cosas del seleccionador y ahí no me meto.
-- Después de esto renunció a ir al Mundial. ¿Por qué?
-- Para ir al Mundial había que estar mes y medio entrenando y no me veía con la moral suficiente para hacerlo. Si hubiese sido como otros años, que bastaba con una semana o diez días, entonces sí.
-- ¿Su baja para las Olimpiadas pudo dejarle su moral para participar en el Mundial?
-- Un poco, porque si hubiera ido a los Juegos éstos me hubieran servido de entrenamiento y la motivación sería distinta. Al no ir a los Juegos no me veía con la moral suficiente como para entrenar para el Mundial.
-- Aparte de lo deportivo, el 2000 le ha traído otra cosa importante: su boda. ¿Cómo lo lleva?
-- Estamos viviendo una nueva vida, algo especial. A ver si nos centramos ya y vamos haciendo todo bien.
-- ¿Le ha cambiado mucho la vida con el matrimonio?
-- Sí porque la de soltero era una vida diferente. Ahora hago más cosas, pero no me quejo.
-- ¿Le ha tranquilizado el matrimonio?
-- Sigo igual.
-- ¿Qué le pide al 2001?
-- Suerte, salud, y que no sufra ningún percance. Como tengo muchas ganas de entrenar, las cosas irán saliendo.
-- Y que en Tafalla le sigan queriendo...
-- Siempre que voy al pueblo me reconocen. Ahora vivo en Cizur pero suelo ir a Tafalla bastante.
-- Si repite una temporada tan buena como la pasada, quizá en Tafalla se decidan a hacerle una estatua o a ponerle su nombre a una calle.
-- ¿Una estatua? ¡Tanto no! No soy un faraón. Mejor ir poco a poco.