Diario de Noticias 15 de julio de 2000

Chente recibe por fin su recompensa
El 'hombre-escapada' logró esa victoria que tantas otras veces se le había resistido

TOMÁS DE LA OSSA - Pamplona

Venía todo el último kilómetro riéndose encima de la bici. Y se daba la vuelta una y otra vez para comprobar que Nicolás Jalabert (ONCE) y Pascal Hervé (Polti) ya no le iban a echar el guante.

Se había colado en la fuga buena, como hace siempre en cada etapa de transición, para que el Banesto no perdiera comba en la general por equipos y para probar, de nuevo, suerte en una carrera que siempre le había escamoteado la gloria. En etapas del Tour ya había sido segundo (por 5 centímetros, en 1998), y tercero (el otro día, en Villeneuve sur Lot), y sexto, y undécimo, y duodécimo, y ...

La escapada era más complicada que nunca para buscar la victoria, plagada de franceses que querían vencer en 14 de julio, fiesta nacional de su país. Pero Chente comienza ya a estar harto de ver cómo se le escapan las oportunidades, de cómo de pronto aparece un listo y le deja con la miel en los labios. Y fue quien rompió la armonía en la fuga, y sólo pudieron seguir su rueda Nicolás Jalabert y Hervé. Faltaban 30 kilómetros hasta la meta, y ya estaban a limpia bofetada. En cada repecho. Pero Hervé iba fundidito. Y Nicolás, sabedor de su buena punta de velocidad, se conformaba con jugársela al sprint.

Por eso, Chente lo intentó en una cuesta. Le echaron el guante. Y lo volvió a intentar, en un puerto de 4ª a 16 de la meta, y no lo vieron más. Arrancó con toda la potencia que tiene, tomó una quincena de segundos, arriesgó más de la cuenta en algunas rotondas (casi se sale en una curva) y se presentó destacado en la meta.

Hervé y Nicolás se tuvieron que consolar con luchar por el segundo puesto, y después llegaron el resto de fugados, con la misma cara de tonto que en tantas otras ocasiones se le ponía al propio Chente. Y por fin el pelotón, muy rezagado, permitiendo al Banesto consolidar su liderato en la general por equipos.

Pero eso era ayer algo muy secundario. Lo importante era darle por fin satisfacción a un equipo que lleva ya tres años peleando sin fortuna contra el Tour. Y poner en su palmarés una victoria merecida por esta y tropecientas fugas más. Y demostrar que la insistencia siempre acaba por tener recompensa. Y por mil razones más, que le hicieron cruzar la meta con la mejor de sus sonrisas.