| Diario El Mundo 15 de julio de 2000 El corredor del Banesto rentabilizó una escapada junto a los franceses Nicolas Jalabert y Pascal Hervé - Aventajó en 25 segundos a sus perseguidoresCasero tuvo que abandonar García-Acosta, premio a la perseverancia
JON RIVAS. Enviado especial
DRAGUIGNAN (FRANCIA).- TxenteGarcía-Acosta (Banesto), recibió en el podio el premio a la perseverancia. La insistencia del navarro se remonta a los cuatro años, cuando su padre le compró la primera bicicleta, soñando con que su hijo ganara algún día una etapa del Tour de Francia. Algo grande para un ciclista. Y aprovechó el día de la fiesta nacional de Francia para dejar a dos franceses con un palmo de narices. Claro que Txente es navarro de Tafalla y ayer acabaron las fiestas de San Fermín. El pobre de mí que lo canten los otros, pensó cuando a falta de diez kilómetros para la meta, en el último repecho, descolgó a Nicolás Jalabert (ONCE) y Pascal Hervé (Polti). Lanzado cuesta arriba primero, cuesta abajo después, arriesgando en cada curva, como cuando ganó junto a Olano el Gran Premio Eddy Merckx, se presentó en la llegada con casi medio minuto de ventaja. Pobres de ellos. Txente, otro especialista en fugas, como Dekker, como Durand, se ha metido en este Tour muchos kilómetros entre pecho y espalda escapado. Solo o (casi siempre) en compañía de otros. Hace unos días llegó tercero. «Estoy muy contento con este puesto», dijo. Pero luego habló con su casa y confesó lo que de verdad pensaba: «Ser tercero no es nada». Así que ayer lo volvió a intentar. Jugaban a su favor varias bazas. A saber: hoy llega la montaña y los principales, por diversas razones, se reservan. Armstrong puede dejar hacer sin temor y los demás prefieren conservar. También era una jornada propicia para las fugas. Corta y con el viento de cola. Y además, en la fiesta nacional francesa, un día ideal para colarse en algún intento patriótico. Con tantos datos favorables, un panorama esperanzador y buen tiempo además, Txente no se lo tuvo que pensar mucho para meterse en la escapada buena. De hecho, es muy propenso a estas cosas. Primero se coló en un grupo cuya intentona no prosperó y más tarde se agarró a la que tuvo éxito. Se hubiera metido en cualquiera. Tenía el día. «Colaboramos bien, pero cuando algunos se hicieron los remolones, ataqúe». Con él se fueron Hervé y Jalabert el pequeño. Dejaron atrás a nueve amigos. Hasta otra. Otra vez se entendieron los de delante. Durante muchos kilómetros. Faltaban 52 cuando despegaron y fueron aumentando la ventaja poco a poco, a base de relevos. En un trío con dos franceses y un español, daba la sensación de que la pareja local tenía más posibilidades. Entre otras cosas, porque el Jalabert pequeño es un gran velocista. Le bastaba con esperar a rueda. Por cierto, a esas alturas de carrera se conoció el abandono de Angel Casero. El Tour es una carrera que le gusta al jefe de filas del Festina, pero una inoportuna caída en la víspera le dejó fuera. Ayer, dolorido, con vendajes en el hombro y el pecho, confesaba que no estaba muy allá, pero lo intentaría. Su mujer y su hijo estaban en la salida para darle ánimos, pero ni por esas. No podía hacer fuerza sobre el manillar. Toda la responsabilidad del Festina descansa ahora en Beloki. «¡No mires!» Mientras Casero se metía en el coche, los de delante seguían a lo suyo, pero a Jalabert le entraron los nervios. En un repecho, a doce kilómetros, la ansiedad le jugó una mala pasada: atacó. Qué error, qué inmenso error. Txente supo parar el golpe y antes de que su rival recuperara el resuello contragolpeó con saña. Les dijo adiós en unos segundos. Abrió hueco en el repecho. Alcanzó una ventaja irrecuperable para los de atrás. Se les aguaba la fiesta del 14 de julio, con toda Francia pendiente de la televisión. Txente no volvió la cabeza. «¡No mires, no mires!», le decían desde el coche, sufrió en los nueve kilómetros siguientes y disfrutó en el último. Miró hacia atrás y levantó los brazos por su gran victoria. Pobre de mí, ya se acaban las fiestas de San Fermín. Tafalla, Pamplona y Navarra estallan de alegría. En el último encierro, el de la Villavesa, los mozos corearán el nombre de Txente. Los cohetes franceses del 14 de julio se mojaron. Y no llovía. Un niño atropellado. Un niño de 12 años fue atropellado ayer por un vehículo de la caravana del Tour de Francia en el kilómetro 117 de la etapa. El niño, que sufre heridas en el fémur, la cadera y la cabeza, se encuentra en estado grave y tuvo que ser hospitalizado en un centro médico de Marsella. |