Diario El Pais - 15 de julio de 2000

El 14 de julio de Txente García Acosta

El ciclista navarro conquista en Draguignan la etapa del día nacional francés

CARLOS ARRIBAS, Draguignan


Txente García Acosta,
en el tramo final de la etapa (AP).

A ocho kilómetros de la llegada, José Miguel Echávarri pidió permiso para adelantar a los otros escapados y ponerse a rueda de Txente García Acosta. Alegre, hizo sonar la bocina de su Fiat Marea cuando adelantó, de paso, al coche de Jean Marie Leblanc, el director del Tour. Sentado en una plaza trasera del Lancia viajaba Félix Levitan, nonagenario ex director del Tour. Hombre fuerte del Tour tantas décadas. "Es hermoso", se dijo el director del Banesto. "Esta victoria es un regalo para ti, Levitan, que tanto nos apoyaste cuando Perico". Este hecho, esta coincidencia excepcional, sólo posible en una prueba como el Tour, en una carrera en la que la historia multiplica por 100 el valor de cada gesto, fue uno de los momentos más intensos de la etapa de Txente, de su victoria. Sólo uno de ellos en un día verdaderamente excepcional.

 

 

Verdaderamente excepcional es de verdad Txente García Acosta, el ciclista navarro que ayer, 14 de julio, fiesta nacional francesa, y luciendo el dorsal 14, consiguió, por fin, la victoria que el Tour le debía. No hay ciclista como él en España. Fuerte como un mulo. Moral siempre en alto. Optimista. Y con una sabiduría ciclista que su mirada franca, su aparente ingenuidad, esconden obstinadamente. Es un especialista. Si fuera belga sería clasicómano, hombre resistente, sin miedo al frío, a las caídas, al esfuerzo exagerado. Es navarro. Está en el Banesto. Es, pues, un hombre Tour, un hombre Tour a su manera. Obstinado y tenaz. Fuerte e intuitivo. Un especialista en cortes, en fugas lejanas. Junto a Arrieta es el hombre del corte en el equipo. Veterano en la ciencia de dar siempre con la fuga que llegará a meta.

 

El día tricolor. Blanco, azul, rojo. El día de los franceses. Didier Rous, un francés tenaz, fue el primero que logró irse solo. Detrás de él se forma enseguida un grupo de 12. Txente coge el tren a última hora. No hay fuga sin su Banesto dentro, se dice. Sin Txente o Arri, más bien. Con él iban americanos, belgas, italianos y holandeses. Y también seis franceses. Era su día. Tenía que ser su día. El recorrido y el calor no eran malos aliados para Txente. Un trazado de sube y baja. Sin rectas ni llanos. Repechos y cuestas. Y algo de viento. El navarro se siente a gusto. Las piernas le giran sin dolor. Nada de franceses. Iba a ser su día.

 

Txente es el jefe de la banda. Conoce a todos y todos saben quién es. Sabe analizar y ver cómo anda cada uno. Está gozando de su especialidad. Tiene fuerzas y está en el Tour. No puede desear más. En los repechos ve la agilidad de cada uno, oye quién resopla y quién responde ligero. Si quiere ganar, él, que no es el rey de los rápidos, necesita llegar solo. Tendrá que deshacerse de los compañeros antes de enfilar los bulevares floridos de Draguignan. En su cabeza da vueltas un plan. Llegado uno de los incontables repechos, Txente baja la cabeza, alarga el culo y, pura potencia (¡Qué muslos, qué cuartos traseros!) destroza a la docena. Le aguantan el demarraje un par de ellos, dos franceses, Nicolás Jalabert, el hermano pequeño de Laurent, y Pascal Hervé, el corredor más querido por los franceses. Primera parte del plan, perfecta.

 

El hermano Jalabert es el más peligroso para Txente. Hervé, laborioso, tiene menos chispa. En los repechos tira disciplinado, pero es un diesel que poco a poco va perdiendo revoluciones. Última cota de cuarta: Jalabert ataca al pobre Hervé; Txente, sobrado, sale desde atrás e intenta remachar el clavo. La voz de Echávarri le resuena en el auricular: "Olvídate del más flojo, no pienses en Hervé". El Banesto conoce el recorrido. Lafargue, uno de los técnicos, ha ido por delante con el coche, y avisa de repechos y vientos. Faltan 13 kilómetros. Se acercan los coches a dar agua a los chicos. Ante ellos, un buen repecho. "Ésta es la última cuesta antes de la meta", le recuerda Echávarri. "Después todo es cuesta abajo y el viento da de espaldas. Así que...". Txente no necesitaba tanta instrucción. Ya sabía dónde le tocaba atacar. A 12 kilómetros se siente morir sobre la bicicleta. "No mires atrás", le vocea Echávarri. "No mires atrás. Sigue. Sigue. Hervé ya ha cedido. Sigue. Jalabert también se ha sentado". Por primera vez en su vida, Txente no mira atrás. Hace un tremendo sprint de 500 metros. Una cuesta que se traga. Una cuesta mortal para sus acompañantes. El resto, en efecto, es descenso. Y viento alegre y fresco en la espalda. Y una vez más, Echávarri en la oreja. Es el último kilómetro, las calles de Draguignan, encima de la Costa Azul. "Ahora, Txente", le dice su director, "disfruta. Relájate. Ya no te van a coger. Graba en tu memoria cada detalle porque, estoy seguro, éste será uno de los momentos más hermosos de tu vida". Txente, más feliz que nunca, ganó la etapa. La primera etapa del Banesto en el Tour desde la contrarreloj de Olano en la Disneylandia del 97. "Un poco nuestra especialidad de antes", rememora Echávarri. "Ya ganamos con Chozas un 14 de julio. Fue en Aurillac, en 1985". Una victoria que no salva el Tour pero que alegra los corazones.

"Ya era hora de que tuviera un triunfo así"

E.O. DE A, Draguignan
Txente García Acosta tenía apuntado en rojo el día de ayer, y no porque se celebrara en Pamplona el pobre de mí. Él, navarro de Tafalla, y con casi 28 años, pensaba que ya le había caducado la oportunidad de llevarse una etapa en el Tour. Sin embargo, no por eso podía dejar de intentarlo. Bajando el jueves el Mont Ventoux, su director, Eusebio Unzue, le reafirmó en sus ideas. "Mañana tienes que intentarlo. Este año no te vas de aquí sin una etapa", le dijo en el coche camino del hotel. Él, muy disciplinado, obedeció las órdenes. Como siempre.

 

Llegó solo a la meta. Ganó una etapa del Tour, "que es lo más grande que te puede pasar" y se acordó de las muchas veces que lo había intentado sin éxito". "Acabé segundo una vez en el 98, también en la Vuelta, en la Bicicleta Vasca. El otro día fui tercero... Ya era hora de que tuviera un triunfo así. "Llevaba mucho tiempo detrás de ella".

 

Era su momento. Más grande aún que la etapa de la Vuelta en el Naranco, que el Gran Premio Eddy Merckx -por parejas, junto a Olano-, las dos grandes referencias de su carrera. O que la Vuelta a Navarra 96, en la que ganó con la cabeza cubierta por el casco con el que Induráin, su ídolo y amigo, se proclamó campeón del mundo contrarreloj en Colombia.

 

García Acosta vivió en Draguignan la recompensa a días de sacrificio, como el de Futuroscope, en la primera etapa. Él salía en horario televisivo, pero le dijeron que no se esforzara más de la cuenta. Se sintió un poco decepcionado, porque sus paisanos no le vieron con la cara tan colorada como les tiene acostumbrados. Ayer le llegó la otra cara del ciclismo, y también a su equipo. El Banesto, aciago en este Tour, se vio compensado con la etapa. Pero no se ha quedado satisfecho. "Esto no justifica nuestro Tour", admite José Miguel Echávarri, el mánager del Banesto, quien persigue el maillot blanco, la general por equipos y acercarse más al podio.

CORRESPONSAL EN EL PELOTÓN

 

Es para estar contentos, ¿no?

JOSÉ LUIS ARRIETA


Aquí estoy, tumbado en la cama y silbando. Esperando que venga Txente, que todavía no lo he visto y no le he felicitado. Es para estar contento, ¿no? Desde el 97 con Abraham que el equipo no había ganado una etapa, y había sido más por falta de suerte que por no intentarlo, porque intentarlo... creo que no ha habido corte en los últimos Tours en el que no hubiera alguien del equipo. Y, claro, más que contento por Txente, que llevaba años ahí, metiéndose en todas y al fin no sólo ha podido coger la buena sino tener fuerzas también para ganarla.

 

La etapa ha sido típica desde la salida, que, como corresponde, fue explosiva. Como ya hay diferencias en la general, todo el mundo sabía que el equipo del líder iba a ir al tran-tran y que iba a salir la escapada. Así que ahí estaban todos los equipos y casi todos los corredores, intentándolo. Muchos intentos de corte: en uno se metió Baranowski con un rabobank, y se les unió otro rabobank; Txente intentó meterse, pero estuvo un rato a dos aguas y cedió. También cedieron los de adelante. Los del Rabobank, que piensan por ahora en la general por equipos, estuvieron muy pesados. Luego hubo otro intento y entró Jon . Y otro, y otro. Luego se fueron Nicolás Jalabert y Rous. Y luego otro ataque. Y parecía que ya se iban e iba yo a salir por la derecha, cuando vi por la izquierda cómo se lanzaban Txente y Elli, que parecía que se lo hubieran hablado un poco antes, o esa pinta tenían. Fueron juntos y colaborando y ya me dije que tranquilo, que ya está ahí Txente, ya estamos representados en la fuga.

 

Luego Txente supo estar y jugar sus cartas. Ganó muy bien. Lo que son las cosas, el día del Ventoux nos dimos la gran paliza y nos fallaron los líderes, que no pudieron rematar bien la etapa; y ayer también trabajamos bien, y conseguimos la victoria. Siempre hay que intentarlo. Mientras las fuerzas duren, claro. Claro que, también, la victoria ésta nos quita un poco de agobio para la última semana y no tener la sensación de jugárnoslo todo todos los días.

 

Vienen días duros. Los Alpes son pesados, pesados. Además anuncian aire fuerte en los valles, con lo que se pueden hacer eternos. Y hasta el primer puerto hay más de 100 kilómetros. Mucho terreno en el que habrá que estar.