| Entrevista publicada por el diario Gara el día 3 de julio de 2000 Txente GARCIA | Ciclista de Banesto «Desde fuera se idealiza este mundo, pero una vez dentro lo vives de otra manera» Después de completar su primer Tour 68º, Txente García, buen rodador y mejor gregario, regresa a la ronda gala con la misión de escoltar a Zulle y, si se tercia, labrarse una oportunidad de engrandecer una hoja de servicios que, a falta de éxitos reconocidos, viene engordando a base de «fastidiosos» segundos y terceros puestos. ¿A qué sabe la victoria? Hace bastante que no gano, pero el triunfo, aunque sea muy de vez en cuando, es lo que da sentido al trabajo. Es una recompensa, una alegría muy grande que ahora mismo se me resiste, porque estos dos últimos años parezco abonado a los segundos y terceros puestos. Me estoy quedando a las puertas y es un fastidio al que no me quiero resignar. Voy a seguir insistiendo para coger el corte bueno. ¿Qué tienen los italianos que difícilmente fallan? Experiencia, alto nivel competitivo y una forma de correr a la que no estamos acostumbrados, por eso cuando te metes en una fuga y coincides con algún transalpino sabes a que te expones. A mi ya me han hecho la pascua en varias ocasiones, en la Euskal Bizikleta, en el Tour del 99... ¿Qué supuso aquel triunfo de etapa en el Naranco en la Vuelta de 1997? Fue una especie de punto de inflexión, sobre todo a nivel de mentalidad, porque antes de aquella victoria recuerdo que me metía en las fugas sin convicción, viendo como un imposible la posibilidad de pujar por un triunfo de etapa en una gran ronda. Desde entonces ya no ataco por atacar, sino que lo hago tratando de jugar mis bazas lo mejor posible. Se que puedo ganar y en cuanto veo la oportunidad me lanzo sin remisión. ¿Una victoria por la que lleva tiempo suspirando? Me encantaría añadir a mi palmarés una gran clásica, incluso por encima de un triunfo de etapa en el Tour, que es algo que ya he acariciado. Lo veo muy complicado porque, dado que nuestra preparación está enfocada fundamentalmente hacia el mes de julio, cuando acudo a una clásica lo hago fuera de mi mejor forma y, en consecuencia, más que a disputar voy a perseguir, a tratar de no quedar descolgado. ¿Cómo se definiría? Como un buen corredor de equipo, que ya es bastante. Al margen de eso, ruedo con facilidad en el llano, en las cronometradas y, estando en forma, paso bien la media montaña. ¿Una asignatura pendiente? La alta montaña. Poco a poco voy superándome en ese terreno, pero estoy mediatizado por mi peso y corpulencia. Otros lo tienen más fácil. ¿Qué le haría falta para poder liderar una escuadra? Ser un corredor completo y responder en todas las facetas. Aunque cada vez voy mejor y mi mejor momento todavía está por llegar, creo que me falta algo para concretar en las grandes vueltas. Tengo 27 años y un poso que me permite entrenar y moverme cada vez mejor dentro del pelotón. Sigo progresando. ¿A entrenar también se aprende? Por supuesto. Cada organismo es diferente, tiene sus características y hay que conocerlo. Entrenar es una de las obligaciones más duras de este oficio y más si, como en mi caso, te ejercitas en solitario y en una zona, Tafalla, en la que el viento es una molestia constante. A veces se me cae el mundo encima, pero no hay que rendirse. ¿Hay lugar para el disfrute en el ciclismo moderno? El mero hecho de poder trabajar en lo que te ha gustado desde crío es de por sí una gozada, pero, como es lógico, la euforia inicial deriva con el tiempo en una ilusión más racional. De fuera se idealiza demasiado este mundo, pero, una vez instalado en él, lo vives de otra manera. ¿Cuándo tuvo claro que podría vivir de esto? A partir de mi tercera campaña en categoría amateur empecé a tomármelo muy en serio. Renuncié a muchas cosas y comencé a atarme a lo que creía que podía ser mi profesión. Al principio era como un juego, un deporte añadido al fútbol y al balonmano, pero una vez que te haces profesional vives las veinticuatro horas pendiente de la bicicleta. ¿Cuál es la exigencia que peor lleva? La relativa a la alimentación, porque, como estamos siempre pendiente del peso, casi nunca podemos satisfacer nuestras apetencias. En vísperas de las grandes vueltas, cuando extremamos los cuidados, se llega a pasar hambre. No es un hambre brutal, como alguna vez he oído, pero sí una sensación de vacío a la que, en cualquier caso, te habitúas. Nuestro menú es muy rutinario, pasta, carne, pescados, arroz... Eso sí, cuando acaba el ejercicio no me privo de esos bocatas de txistorra que tanto me gustan, con doble fila además. ¿Un técnico y un ciclista que le hayan marcado? Soy un hombre de Banesto y estoy acostumbrado a Jaimerena y Eusebio Unzue, pero la verdad es que, por su carácter exigente y ganador, me impactó mucho Javier Mínguez. A nivel de corredores, yo fui uno de los afortunados que tuvo ocasión de correr, no en el Tour pero sí en las pruebas previas, junto a Miguel Indurain. Le recuerdo como un compañero, sencillo y especialmente hábil a la hora de prepararse, que transmitía tranquilidad y saber estar en carrera. ¿Un detalle para el recuerdo? El que tuvo conmigo el italiano Lombardi en la etapa de Abantos de la pasada edición de la Vuelta. Iba yo intentando ayudar a Orlando Rodrigues, que estaba fastidiado en una pierna y, viendo que tenía dificultades para remolcarle en un repecho, Lombardi me echó una mano para empujarle. Son detalles que se agradecen. La solidaridad nunca se ha perdido en el pelotón. ¿Qué espera de la crono por equipos de mañana? Que salga bien, porque será muy dura. Tendremos que estar todos muy bien, porque en cuanto falla uno el equipo se resiente. Es la novedad principal de este Tour. * Josetxo MARTINEZ
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