UN claro del bosque
Erase una vez un bosque frondoso, donde
las diferentes variedades de árboles crecían disputándose el sol y creando diversidad
de paisajes y colores en un mismo espacio que todos compartían. Bajo este manto vegetal
los animales que lo habitaban tenían sus eternas disputas por sobrevivir. Una cosa
habían aprendido tras años de luchas sangrientas, y fue a resolver los problemas comunes
juntándose todos en UN claro del bosque.
Hacía algún tiempo el león había atacado al caballo clavando sus garras en él. La
orilla del arrollo donde vivía el caballo era más bella y el agua mas dulce que la del
león. Esa fue una de las primeras reuniones importantes en el claro.
Todos los animales del bosque defendieron al caballo, haciendo que el león volviese a su
orilla lamiéndose las heridas, y acordaron que el león limara sus garras para que no
volviera a atacar a nadie más. Desde entonces el resentimiento del león con el resto de
los animales fue creciendo, y especialmente con el águila joven, que fue quien con su
poderío consiguió rendirlo ante los ojos de los demás animales.
El águila imperial joven, era el animal mas fuerte y respetado del bosque. Sus fuertes
garras, su poderoso pico, su dominio del aire y sus majestuosos vuelos habían inspirado
sentimientos diferentes en le resto de animales. Unos la admiraban, otros la envidiaban y
otros la imitaban, pero nadie discutía su poder. Algunos animales buscaban su amistad y
protección, y a cambio apoyaban siempre lo que el águila decía en el claro y dejaban
que bebiera a su antojo en las orillas de sus territorios.
En esta ocasión estaban de nuevo en el claro todos los animales y una vez más, el asunto
que los había reunido era el león.
Hacía poco tiempo el tigre había llegado hasta el nido del águila y había devorado a
sus crías. Cuando el águila se enteró ataco con saña al tigre y lo expulsó del bosque
para siempre. El resto de los animales no hizo nada por impedirlo por que todos eran
conscientes de la fragilidad de sus propias crías y todos entendían la ira del águila.
Ahora, el águila joven intentaba convencer al resto de animales del bosque, que el león
era cómplice del tigre y les recordaba que aún no había limado sus garras a pesar del
acuerdo al que habían llegado todos después de que atacara al caballo.
El águila decía que había que expulsar del bosque al león al igual que ella expulso al
tigre. Que el león no cumplía lo que todos habían decidido en el claro y que no
importaba que el león viviera cerca de la orilla del río, dominando parte del agua que
todos necesitaban beber. Eso no tiene importancia afirmaba el águila, el problema es que
no podemos fiarnos de el.
El águila joven tenía a su lado un águila vieja de garras gastadas, pero que aún
mantenía orgullo en su mirada, recuerdo de los años en los que ella fue el primer animal
del bosque y el más temido. Junto a las dos majestuosas aves había un torito joven de
piel negra y tiernos cuernos incipientes, claramente fascinado por el poder de las
águilas y encantado de que estas lo admitieran en su circulo.
El caballo, que aun mostraba en su lomo las antiguas heridas del ataque, junto con otros
animales que vivían cerca del león y que temían también a su fiero vecino estaban de
acuerdo con el águila.
El león intentaba defenderse diciendo que dejaría beber al resto de animales y que sus
garras ya no eran las de antes, cuado era joven, y mientras lo decía las ocultaba
entre la hierba para que nadie pudiera medirlas.
El gallo y el jabalí protestaban y decían que a pesar de que no les gustaba el león,
había que pensar en que también tenía crías y que iba a ser un problema expulsarlos
del bosque.
El oso recién despertado de su largo sueño de invierno y a pesar de que ya había
resuelto las diferencias que en otros tiempos tuvo con el águila, asentía a lo que el
gallo decía.
Incluso el dragón dormido, al que todos temían despertar, hizo un pequeño gruñido de
asentimiento cuando hablaba el gallo.
El resto de animales no quería tomar partido, por una parte pensaban en sus propias
crías y en el dolor que sentirían las crías del león si se les expulsaba del bosque y
por otra el temor a contrariar al poder del águila los tenía indecisos.
El águila tomó una vez más la palabra, pero esta vez dijo algo que a todos les hizo
recordar los tiempos en los que las disputas no se solucionaban en UN claro, si no que
cada cual las resolvía con su propia fuerza. El águila dijo que no necesitaba del resto
de animales para expulsar al viejo león del bosque. Ella podría hacerlo fácilmente sin
ayuda de nadie.
Todos se miraron tristemente pensando que quizá en ese momento se estaba terminando el
gran logro de juntarse todas las especies a solucionar los problemas en común.
Mientras esta escena ocurría en el claro, dos palomas blancas lo observaban todo,
escondidas tras la rama de un gran roble. Una de ellas le pregunto a su
compañera:
- ¿ De que están hablando ?
- Creo que de nosotras contesto la segunda paloma.
- No seas ilusa, querida - respondió la primera Hace mucho tiempo que
ninguno de estos animales se acuerda de las palomas.
Serrótico 20 - 03 - 2003